maig 2020 / OPINIÓ

Kafka, humanizando un ídolo

Pau Guilabert

La gran obra del autor praguense del siglo XIX Franz Kafka gira entorno al poder, un elemento que experimentó en carne propia de forma regular, pues el autor formaba parte de la minoría judía con educación alemana. No debemos olvidar que en esta época está tomando fuerza un nacionalismo de carácter antisemita muy marcado, por lo que el sentimiento de exclusión en el autor es cada vez mayor. Tampoco ayudó la mano de hierro con la que su padre dirigía su vida, una persona de carácter autoritario que había ascendido en la escala social por méritos propios. Una combinación que resultó fatal para el escritor, pues su padre se veía con la potestad de imponer su modo de entender la realidad sobre el resto, especialmente sobre nuestro autor. Como resultado obtenemos un Kafka que se percibe a sí mismo como un ser dominable e impotente, he ahí su búsqueda de identificación del poder, pues su principal objetivo es huir de él. Una respuesta natural, con la que todos, en la misma situación, podríamos sentirnos identificados. 

Por suerte, como todos los grandes artistas, tiene una sensibilidad tremenda que le permite abstraer de su condición individual y subjetiva (un padre autoritario y su condición de judío en un entorno crecientemente antisemita) ciertas características y estructuras de poder universales. No es, como muchos afirman, únicamente una anticipación a los regímenes totalitarios del siglo XX, precisamente en esa universalidad es donde radica la fuerza de su obra. Esta afirmación atrevida, pero… ¿No es el hecho de que, cien años después de su muerte, sus textos nos impacten del modo en que lo hacen una demostración de ello? Parece que sus palabras apelan a lo más profundo de nuestro ser, a la misma existencia humana. Específicamente cómo esta es atormentada por distintos entes que ejercen sobre ella una imposición a través del poder. 

Parece ser que las últimas décadas la movilización social y las preocupaciones de las nuevas generaciones han puesto el foco en las dinámicas de poder. El movimiento por la liberación femenina, sexual y racial ha señalado a capa y espada formas de opresión subyacentes, ¿acaso no es esto mismo lo que hacía Kafka con sus obras?. Leer a Kafka no es únicamente una necesidad literaria, es también una necesidad filosófica y política que nos acerca al análisis de la realidad. Es cierto que se trata de una lectura compleja y que la pluma de Kafka no era la más ágil, pero a pesar de ello, es un autor que ha pasado a la historia como uno de los más grandes, pues los secretos que se esconden entre las páginas de sus textos, son los secretos del ser humano en sociedad.

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