La centralització a l'hora de gestionar la pandèmia, a debat

setembre 2020 / VERSUS

A favor

Matías Conde

Es francamente fascinante cómo tendemos a decorar la realidad con nuestros prejuicios, opiniones e ideología para ajustarla a nuestra propia imagen del mundo. Nos cuesta no entender el equivocarnos como un agravio personal. El mundo es manejable cuando todo a la derecha de Podemos es facha y todo a la izquierda de Vox es rojo, cuando si sos feminista seguramente seas una histérica, y los independentistas son Satán.

Nos lo dicen desde chiquitos, “el mundo no es ni blanco ni negro”, “no hay buenos o malos, solo trincheras”, “ponete en su lugar”. Lo vemos en películas, lo leemos en libros, lo rezan refraneros y cuentos populares, y aun así no se nos queda. Los mismos padres que nos lo decían luego no lo cumplían. Cuántos conflictos gratuitos nos ahorraríamos si fuésemos más críticos y tuviésemos algún interés en solucionar problemas en lugar de discutir por banderas y colores.

En algunos países se pudo capear la pandemia con medidas relativamente ligeras en comparación con las aplicadas en España; Suecia, Alemania, Suiza y tantos más, algunos golpeados por el virus con más fuerza que otros. Visto lo anterior, es fácil no tener en cuenta que las circunstancias de cada país son diferentes, que los recursos disponibles no son los mismos, que el virus es impredecible. Declarar que sin confinamiento “estaríamos mejor” en España porque en Suecia funcionó (con muchos matices) es tan reduccionista como glorificar el socialismo porque el “modelo escandinavo” va bien en Escandinavia. Pero el centro de la cuestión, estoy convencido, son las personas. Desde principios de enero la existencia del virus en Wuhan y la amenaza que podría suponer eran más que visibles, pero nadie se preocupó. Vimos como en Italia, casi al lado nuestro, regiones enteras quedaban confinadas en marzo, y nuestro gobierno autorizó concentraciones de más de 100.000 personas por el 8M, y eso sólo en Madrid. Al parecer el machismo de cancelarlo mataba más que el coronavirus. Aún con el mundo al borde de la crisis, muchos no se percataron de la gravedad de la situación hasta que quedaron encerrados en sus casas (algunos aún no son del todo conscientes).

Y ahora, un día ladramos desde el balcón porque hay gente en la calle y al día siguiente nos hacinamos en el paseo marítimo de Barcelona para disfrutar del sol, o en Salamanca, azuzados por nuestros partidos. Realmente, los españoles nos merecemos a nuestra clase política. Y con todo esto, tenemos al gobierno dando bandazos con los apoyos que aún le quedan, la oposición escupiendo bilis a cada oportunidad que se presenta, y las autonomías, cada cual de un color distinto, cada una barriendo para su lado. Y en este contexto nos toca preguntarnos, ¿fraccionar la gestión y que cada región haga la suya realmente sería mejor? Visto el panorama, sinceramente, lo dudo mucho.

En contra

Aleix Almirall

La gestió centralitzada té aspectes positius i negatius però el principal argument quan parlem d’un sistema de l’envergadura del SNS, és la impossibilitat de centralitzar-lo d’un dia per un altre. L’adquisició de competències per part de les comunitats autònomes en el seu moment va ser paulatina -iniciada a finals del anys 80 i completament acabada el 2002-, a part va ser consensuada. Amb la Covid-19 ha estat totalment abrupte i imposada. 

Degut a decisions com aquesta som un dels països amb el major nombre de morts, amb numerosos tests defectuosos -comprats a empreses no certificades-, manca de material i descoltrol en la gestió, entre d’altres. 

És obvi que la falta de coneixement específic i la lentitud en la presa de decisions, amb respostes tardanes, ha comportat una major despesa de temps totalment evitable amb l’anterior sistema descentralitzat. En cap moment un canvi de gestió d’aquest nivell garantia major efectivitat en la presa de decisions, com s’ha comprovat. 

El Ministeri de Sanitat és disfuncional i ple de buròcrates fent front a una pandèmia amb informació molt limitada, tant de la pròpia malaltia com de la situació de cada sistema sanitari territorial que fa quasi 20 anys que no gestiona. S’ha desestimat la xarxa de coneixement que disposen les diverses conselleries de salut i s’ha intentat vendre un discurs totalment estèril afavorint la centralització. La singularitat de les relacions intraterritorials ha generat taxes d’infecció clarament dispars i poder prendre decisions a nivell regional és clau per fer front a una amenaça així. És més que sabut que un sistema descentralitzat és molt més adaptable i ràpid que un gran òrgan basat en decisions centralitzades. 

S’ha de deixar clar que no tot és culpa de la centralització, però és evident que en el nostre cas no ha ajudat a millorar la situació sinó que l’ha empitjorada i quan ens trobem davant una emergència sanitària extrema res pot ser més dolent que posar impediments a una gestió funcional ja establerta. 

Llegeix més articles...

Entrevista a Laura Vilagrà

Laura Vilagrà és l’actual Consellera de Presidència de Catalunya i un dels tres integrants del govern català a la taula de diàleg. Nascuda a Santpedor,...

Llegir >
Contra los partidos políticos

Escribió Rosseau en El Contrato Social: “La soberanía es el ejercicio de la voluntad general y el soberano un ser colectivo que no puede ser...

Llegir >

PORTADA  •  NOSALTRES  •  ARXIU  •  ESCRIU  •  SEGUEIX-NOS!

© Copyright 2020 l’Universitari. Tots els drets reservats. | Desenvolupament web per Pol Villaverde